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domingo, 7 de febrero de 2016

Profesionales que trabajan con la infancia en riesgo

Hace unos días, tuvimos un encuentro de profesionales dedicados a la intervención con la infancia en riesgo y con sus familias.
Quisiera expresar mi sentir al respecto. Me sentí totalmente satisfecha y agradecida por la realización de ese encuentro ya que considero que es importantísimo tener este tipo de espacios para que los profesionales que nos dedicamos a la atención a la infancia en riesgo, podamos detenernos y poder compartir realidades, experiencias, debilidades, fortalezas, dificultades y oportunidades.
Uno de los derechos fundamentales de los niños y las niñas es que sus necesidades sean satisfechas para poder desarrollarse de una forma sana, constructiva y feliz. Esto es una responsabilidad, no solo de sus padres y cuidadores, sino del conjunto de la sociedad ya que en muchos casos es necesario que desde las diferentes instituciones se apoye a la familia.
El Psiquiatra Boris Cyrulnik dice que “Una infancia desgraciada sólo supone "empezar mal en la vida" y considero que es una reflexión muy acertada ya que, si esta persona que empieza mal en la vida se queda sola, sin ayuda, sin respuesta es bastante probable que continúe teniendo una vida desgraciada, pero si, con el paso del tiempo, se ve rodeada de afecto, ayuda, contención, apoyo puede cambiar su suerte y desviar su camino hasta acercarse a tener una vida más feliz, o al menos puede continuar su viaje con más recursos para superar las dificultades y resituarse en el mundo de una manera más sana y segura.
Pero es difícil que esa persona pueda curarse sólo o superar sus obstáculos o dificultades de una manera aislada ya que todos dependemos de nuestro entorno. Cuando una persona está herida o se siente infeliz, necesita transformar su dolor, con la ayuda de otro. En ese sentido, los profesionales somos un instrumento fundamental en esa tarea y es indiscutible que funcionamos mejor cuando lo hacemos en equipo. Cuando nos desacreditamos unos a otros, perdemos eficacia. Por eso es necesario, organizarnos para saber porqué, cómo, cuándo y de qué manera poder intervenir con la infancia en riesgo y con sus familias. Llegando a tiempo, ayudándoles a encontrar sentido a ese “empezar mal en la vida” y estando ahí, tendiéndonos puentes para poder reorganizar la imagen que ese menor herido y su familia se han ido haciendo de sí mismos.