Me paro un momento, me traslado a mi infancia y ahí estoy yo, al lado de mi madre, acurrucada feliz junto a ella mientras la tormenta del día pasó al escuchar su dulce voz contándome una historia, un cuento...no recuerdo bien cuál es, sólo se que ese momento (esos momentos) está (están) presente (s) en mí, ofreciéndome caricias en el alma cada vez que los recuerdos...
La vida, en realidad son momentos. Momentos que guardamos y que nos hacen dar valor a nuestra vida.
Estar presente de manera consciente y conectar (a ratito) con nuestros/as hijos/as, mirando el mundo a través de sus ojos, entendiendo sus preocupaciones, escuchando sus problemas, ordenando sus emociones, estando a su lado en silencio de manera incondicional y nos permite ser ese bálsamo que a veces necesitan cuando no saben como surfear las olas en su día a día....
Los cuentos se convierten en buenos aliados y en una herramienta terapéutica potente para ayudar a desliar el lío emocional que a veces tenemos dentro de cada uno de nosotros. Una forma atractiva de ordenar lo que está desordenado a través de palabras, de historias, de imágenes.
Cuando un niño escucha un cuento que le permita conectar con su propia realidad, con su preocupación, con su dolor, con su emoción, puede construir una realidad coherente y aceptable sobre sí mismo. Sin lugar a dudas, estos cuentos serán una fuente de inspiración que permitirá conversar sobre dificultades y sufrimientos, descubriendo posibilidades....
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