... y, en este caos, confusión e incertidumbre, me paro, hago una pausa, cojo aire y dejo que mis emociones fluyan, sin filtros ni censura. Como si de una danza se tratase. No es el momento de bloquear lo que siento ni de juzgarlo. Escucho lo que me nace, le dejo su espacio. Me paro, hago una pausa, respiro y siento....
Siento VÉRTIGO.
Vértigo a que el mundo se pare. Al futuro incierto, a no verte más, a no poder abrazar, a que no me abraces más. A que este echar de menos se convierta en un presente contínuo.
Vértigo al ver como el mundo se para. A perderme, a que no me busquen ni me encuentren si la brújula decide no indicarme cuál es el camino.
Vértigo al virus del MIEDO. Tengo miedo al miedo. Miedo a perder mi rutina en calma. A que me muerda el virus del miedo.
Miedo a que me venza el miedo, al temor, a la derrota. A perderme, a perdernos, a perderlos.
Miedo a que no amanezca esta noche eterna, a que el mundo siga dormido, a no encontrar la vacuna que nos ayude a despertar para inocular este virus del miedo al miedo.
Eso siento en este momento. Aunque algo dentro de mí, me dice que no todo está perdido y que este vértigo y este miedo que me invade y que probablemente azota a una gran parte de la población, ha venido a decirnos algo. El mundo se resquebrajaba. Ya no sabía de que forma hacernoslo saber. No lo hemos escuchado hasta que ha tenido que gritar para que el ruido calle y poder entender lo que nos trata de decir. Todos nos necesitamos. Necesitamos unirnos para repetirnos una y otra vez "Todo irá bien". Necesitamos sintonizar con la energía del amor que aumenta nuestras defensas y así poder hacer frente al virus del miedo.

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